Mi primera vez en el póker online: más aprendizaje que juego
Conozca lo sencillo que es jugar al póker por Internet, y sin gastar un centavo.
Artículo escrito por Trahaearn Alves
Domingo, Junio 21, 2009
Mi primera vez en el póker online resultó ser más aprendizaje que juego… ¡y 20 veces más rápido que lo normal!, según se ha comprobado. Pude jugar como piloto de carreras en simulador: entré, me senté… y a correr, todo en un ambiente seguro, que me enseñó a jugar de manera muy real, rodeado de gente jugando en serio, y con toda la emoción del gane. Así fue la primera vez:
No me costó nada, pues todo el dinero era de mentiras o “PlayMoney”. Es por todo esto que al juego online se le considera como la mejor manera de aprender póker (y hasta ganar desde “la primera vez”)
La verdad es que me divertí mucho jugando desde la comodidad de mi sala y sin tener que viajar hasta donde hubiese un casino.
Para esa primera vez escogí una tarde tranquila, busqué un sitio web con una versión que funcionara directo desde mi navegador y la encontré en PartyPoker.com. Entré y después de un sólo clic aparecieron sus salas disponibles, a las que pude ingresar sin necesidad de descargar ningún software especial, todo en tiempo real y con gente de todo el mundo.
Después escogí un seudónimo y me abrieron una cuenta gratuita de 20,000 puntos, de la que saqué quinientos, llevando en mente que como primerizo el objetivo era sólo divertirme y -con buena suerte- hasta salir tablas.
Encontré una mesa de Texas Holdem con apuestas bajas (aunque también abundaban otras variantes) y la seleccioné porque, como era primera vez, no quería gastar mis puntos tan rápidamente.
Apareció una sala de juego (virtual, claro está) en tercera dimensión. Siendo la primera vez que entraba, lo que más me importaba ver era si tenía un diseño suficientemente bueno como para transmitir la sensación de confort necesaria para poder concentrarme y jugar bien.
Elegí después una silla vacía junto al dibujo del repartidor (aunque pude haberme quedado de mirón). Alguien escribió un mensaje de bienvenida y lo agradecí; y aunque tenía nervios “de primera vez”, nadie los notó, gracias a que los rostros simplemente no pueden ser vistos.
Al terminar la mano que estaban jugando y siendo mi primera vez a la mesa, apareció un botón para entrar a jugar y acepté dándole clic.
Las primeras veces fui a todo sin revirar, “sólo por estar dentro” tratando de encontrar patrones de apuestas y observando quiénes reviraban más, blofeaban o se salían más fácilmente.
Finalmente, y como era de esperarse en toda “primera vez”, gané menos manos de las que perdí, por lo que más tarde decidí bajar mi costo de aprendizaje y busqué una mesa con menores apuestas.
Jugué por una hora y, aunque en varias manos tuve suerte de principiante, debido a mi inexperiencia perdí unos 2,000 puntos. Nada mal para haber sido una primera vez.